Descubrir el oolong es descubrir el lado más sofisticado del té… aunque también el de mayor complejidad. Oriundo de China, este tipo de té surge a partir de un peculiarísimo método de manufactura cuyos pasos, generalmente, se reservan en secreto por cada productor. Sí, querido lector, en el mundo del oolong todo y nada está escrito.

Asociado con tradiciones y costumbres milenarias, el oolong está catalogado como un té semi oxidado. La complejidad de este té, justamente, proviene de dicha cualidad; según su procedencia y grado de oxidación, que va de entre 20 a 80 por ciento, la infusión puede ofrecer suaves notas florales y de durazno, acentos tostados, destellos de nuez e incluso de leche o yogur.

¿Cómo se produce? Después de cosecharse, las hojas de camellia sinensis, la planta del té, se someten a los rayos del sol y después se dejan marchitar en espacios interiores para promover su oxidación. El punto clave en todo el proceso productivo es determinar el momento para detener dicha oxidación; realmente, se requiere de muchísima experiencia para identificar el punto exacto.

Una vez detenida la oxidación, las hojas de camellia se enrulan repetidamente, en todo tipo de formas de acuerdo a la tradición y conocimientos técnicos de cada productor, con el propósito de generar aromas, sabores y texturas particulares. Ya listas, son secadas al punto deseado con calor.

La amplitud aromática y gustativa del oolong, cuyo nombre puede traducirse literalmente como “dragón negro”, lo hace perfecto para la ceremonia china de té: Gong Fu Cha. Durante el ritual, el té se infunde en pequeñas teteras y repetidas ocasiones, siempre con mínimas cantidades de agua; cada infusión deriva en perfiles sensoriales distintos. Algunas variedades de alta gama pueden reinfundirse por hasta 12 o 14 veces.

“¿Oolong es lo mismo que té azul?”. Sí y no. Tradicionalmente los oolong se clasifican en función a su forma, grado de oxidación y color. Existen estilos semi enrulados, semi abiertos y de hoja cerrada; de baja oxidación, con porcentajes que van de 20 a 50 por ciento, y de alta oxidación, de 50 a 80; verdosos, ocre, con tonalidades tierra y, por supuesto, los azules.

En términos generales, el té oolong deriva en infusiones de color paja intenso, amarillo brillante e incluso ámbar. Sus notas aromáticas típicas corresponden a flores, lácteos, azúcar cruda o cocida, mientras que en boca suele ser dulce y astringente, con larga y agradable permanencia.

Qué probar. Aunque existen grandísimos blends a base de oolong, los puristas recomiendan iniciar con variedades puras, que permitan descubrir toda la variedad de aromas y sabores originales del té. Entre los grandes ejemplares se cuenta Oriental Beauty; este espécimen nació en Taiwán a finales del siglo 19 y fue rebautizado en Inglaterra por la Reina Victoria debido a su expresividad. Del terruño chino es posible destacar al Tieguanyin (“Tie Guan Yin” o “Ti Kwan Yin”), oolong con distintos niveles de oxidación y caracterizado por sus notas florales, herbacidad y astringencia. Actualmente, también se produce exitosamente en diferentes plantaciones del territorio taiwanés. Notará usted que, además de China, Taiwán es un importante polo productivo de este té.

Concluyamos pues con algunas recomendaciones para infundir oolong al punto. De la misma forma que té blanco, negro, verde y pu-erh la sugerencia es utilizar 2.5 gramos por cada 200 mililitros de agua. Tiempo y temperatura del agua varían en función de las hebras y gusto particular, sin embargo, podemos apuntar a promedios de 85 a 90 °C, por 1 a 4 minutos.