01 oct

 

 

Muy pocas bebidas son capaces de generar tanta fascinación como la Kombucha. Alrededor del mundo, millones de personas apuntan hacia los beneficios a la salud y matices sensoriales de esta bebida, comúnmente denominada té, pero producida a partir de la fermentación de un grupo de levaduras y microorganismos en un medio líquido particular.

 

Kombucha es una bebida viva, consumida en China y otras regiones de Asia desde hace muchísimos años -algunos investigadores sitúan su origen en el Siglo II a.C. Aunque no se trata de un tipo de té propiamente, se denomina así debido a que suele producirse a partir de una infusión de hojas y brotes de camellia sinensis a la que se añade azúcar y un grupo de bacterias muy particulares.

 

 

¿Cómo se elabora? Todo parte de un cultivo de microorganismos llamado Scoby (colonia simbiótica de bacterias y levaduras, por sus siglas en inglés), el cual se mezcla con una solución líquida, generalmente té, enriquecida con azúcar. La mezcla fermenta a temperatura ambiente durante varios días y produce el cambio de té a Kombucha.

 

Tradicionalmente la bebida se hacía a partir de una infusión de té negro, aunque también pueden utilizarse tés verdes, blancos e incluso oolong. Sí, a lo largo de la historia, muchos pueblos del lejano oriente han fomentado su consumo para obtener beneficios a la salud: regularizar el organismo, mejorar la digestión, fortalecer el sistema inmunológico y eliminar toxinas, entre muchos otros. Hay que decir, querido lector, que es muy poca la información que confirma dichas propiedades benéficas.

Para preparar Kombucha en casa primero hay que hacerse de un buen Scoby. Como el kéfir o los búlgaros de leche, el Scoby suele ofrecerse gratuitamente entre conocedores y fanáticos de la bebida. En México existen diversos productores de Kombucha que también venden el cultivo de microorganismos a través de sitios web y redes sociales.

Una vez en casa, basta con mezclar el tipo de té deseado con azúcar (alrededor de 60 gramos por cada 5 gramos de té) y Scoby, y dejar fermentar por al menos 7 días, siempre a temperatura ambiente y cubierto con algún material poroso; al tratarse de un producto en fermentación continua, genera una pequeña proporción de alcohol y gas carbónico. ¡Ojo!, hay que tener mucho cuidado de no colocarlo cerca de una fuente de calor o directamente al Sol, pues puede fomentar el crecimiento de bacterias nocivas.

Una vez completada la fermentación es necesario retirar el hongo con las manos limpias y pasar el líquido restante por un colador de malla fina; el hongo, de aspecto gelatinoso, puede enjuagarse con agua fría y volver a mezclarse con té y azúcar.

“Y ¿a qué sabe?”. En términos generales podemos decir que la Kombucha se caracteriza por su sabor ligeramente ácido, similar al de la sidra. Sin embargo, el perfil aromático y gustativo dependerá completamente de la variedad de té utilizada para su elaboración. La bebida también se puede saborizar con jugos cítricos, jarabe de frutas, miel…

Vamos a concluir recordando que, al igual que muchas otras expresiones del mundo del té, la Kombucha no es una panacea, ni tampoco una bebida milagrosa; de hecho, algunas fuentes detallan riesgos asociados a su consumo, razón por la cual es necesario informarse plenamente antes de iniciar su consumo habitual.