16 jul

Escuela Mexicana de Té. Julio 16, 2017.

Terrones de azúcar, melaza de palma, rodajas de limón, leche e incluso cubos de mantequilla… los complementos del té son tan diversos como sus aromas y sabores.

Alrededor del mundo es posible encontrar todo tipo de acompañamientos e ingredientes que forman parte esencial del servicio de té. ¿Cree que agregar leche a su infusión es delicioso?, espere a probar lo que tenemos para usted.

Empecemos por uno de los grandes íconos del fascinante mundo del té, el Reino Unido. Para los británicos hay tres elementos que nunca deben faltar al momento de beber la infusión de camellia sinensis: limón, leche y azúcar. La elección de los complementos depende de la variedad de hebras a infundir; el Earl Grey, por ejemplo, combina a la perfección con las notas cítricas del limón (pruébelo con algún otro cítrico, se sorprenderá), mientras que el English Breakfast posiblemente encuentre en la leche tibia su mejor aliado. Sí, sí… en gustos se rompen géneros y, al final, el mejor acompañamiento es aquel que cautiva el paladar de quien lo bebe.

Vayamos a Rusia, a donde el té llegó de la mano de los mongoles a primera mitad del siglo XVII. Los rusos aman el té negro, especialmente los ejemplares plagados de notas ahumadas. La profundidad de las hebras obliga a la incorporación del limón y el azúcar, algunas veces jalea de frutas. Una de las tradiciones más arraigadas, originada en el siglo XIX y aún vigente, es beber sorbos de té mientras se sostiene un terrón de pan de azúcar entre los dientes. A poco no suena placentero.

En el Magreb, la parte más occidental del mundo árabe, el té se infunde con una buena proporción de azúcar y hojas de menta. La frescura de la infusión puede redondearse con limón y, en algunas regiones, con flores de azahar y especias. En Marruecos, por ejemplo, es común disfrutar la sobremesa con una taza de té verde (generalmente gunpowder) aromatizado con menta y una mezcla de clavo de olor, canela, cardamomo, jengibre, anís…

Apuntemos a uno de nuestros blends predilectos: el masala chai. Ya hemos platicado que el masala chai se prepara como un cocido de especias, entre las cuales se incluyen hojas de camelia sinensis. Los acompañamientos por excelencia de este ícono de India, popularizado durante el Raj británico, son leche y azúcar, mismos que se agregan después de infundir.

¿Nada parece demasiado atrevido?, viajemos al Tíbet. Consumido desde el siglo X y popularizado por los monjes durante el siglo XIII, el Po Cha es una de las formas más particulares de beber el té. Tés puros, generalmente verdes, negros e incluso pu-erh, se enriquecen con mantequilla de leche de yak, sal y algunas veces harina. La costumbre responde poco a una cuestión de aroma y sabor; la mantequilla aporta energía suficiente para la vida cotidiana.

Terminemos con dos de los polos productivos más importantes: China, la cuna del té, y Japón. Aunque se consume todo el día, con todo tipo de alimentos, la infusión de camellia sinensis no suele acompañarse con otros elementos en estas regiones de oriente. ¿El matcha latte?, digamos que es una expresión mucho más contemporánea y, aunque deliciosa, poco tiene que ver con las tradiciones de consumo de té en territorio nipón.