31 jul

Escuela Mexicana de Té. Julio 31, 2017

Pocas bebidas en el mundo ofrecen tanta versatilidad como el té. Literalmente, la infusión de hojas y brotes de camellia sinensis, la planta del té, es capaz de adoptar todo tipo de formas, presentaciones y, por supuesto, temperaturas. Sí, querido lector, vamos a refrescar la temporada apuntando a las fascinantes posibilidades del té helado.

Popularizado a principios del siglo XX, después de que Richard Blechynden decidiera presentarlo a los visitantes a la Exposición Mundial de Saint Louis de 1904, el té helado ha logrado convertirse en una de las expresiones más representativas de la camellia en occidente. Sin esta variante sería imposible entender por qué, después del agua, el té es la segunda bebida de mayor consumo alrededor del mundo. Piénselo ¿cuántas veces ha leído ‘té helado’ en el menú de un restaurante?

La gran virtud del té helado es su simpleza. Blanco, verde, oolong, negro y hasta pu-erh… cualquier variedad de té puede adoptar esta forma, popular en temporadas estivales o regiones de calor intenso; realmente, todo depende del gusto personal. La fórmula es igual de simple: infusión caliente + hielo = té helado.

Preparación: todo parte de una buena taza de té, infundida de acuerdo a los tiempos y temperaturas adecuados para cada tipo de hebra. ¿Azúcar?, debe disolverse siempre en la infusión caliente para evitar la presencia de cristales suspendidos. Ojo, también es posible infundir en frío, basta con colocar hebras de té en agua a temperatura ambiente y dejar reposar en refrigeración por al menos 8 horas.

Un aspecto que vale la pena mencionar es la capacidad de la bebida para abrazar todo tipo de productos y complementos, desde jugos frutales hasta especias, hierbas aromáticas, destilados e incluso licores. ¡Sí!, el té helado es perfecto para realizar todo tipo de cocteles a base de ginebra, vodka, ron e incluso bourbon whisky. Ponga mucha atención.

Los tés de carácter herbal, por ejemplo, combinan bien con espirituosos neutros, especialmente ginebra; hebras de té blanco y amarillo, ricos en notas florales y frutales, hacen lo propio con destilados blancos de uva, como pisco o vodka.

Tés oxidados y ligeramente ahumados combinan bien con destilados con paso por barrica. Blends clásicos, como Earl Grey y English Breakfast, e incluso algunas variedades de oolong de alta oxidación son perfectos para mezclar con whisky, bourbon o rones especiados. El pu-erh es un caso especial y es que, sus características notas minerales, de tierra, cuero, paja seca y madera son perfectas para acentuar el sabor de mezcales ahumados y destilados jóvenes de agave, como tequila o raicilla.

¿Nada parece demasiado atrevido?

Concluyamos con la mejor parte: el arte de maridar con té helado. Es importante decir que, en materia de té, temperatura y expresión sensorial son directamente proporcionales. Los blancos fríos, mucho más sutiles y delicados que en su versión caliente, se benefician con vegetales, frutas y platos neutros. Los verdes helados, ligeramente más amargos, hacen lo propio con pescados y frutos del mar, platos de arroz o incluso curry de mediana intensidad.

Pasemos al oolong, cuya complejidad aromática y gustativa obliga a una cuidada armonización; la recomendación es optar por verduras, frutas y proteínas neutras, particularmente crustáceos y vegetales con matices dulces. La joya de la corona es el té negro, potente y robusto; platos agridulces, guisos especiados y picantes pueden hacer frente a la infusión fría, especialmente si se enriquece con alguna rodaja o gajo cítrico.