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¡Bolsitas de té!, invento accidental que cambió las infusiones

De entre todas las invenciones ligadas al fascinante mundo de la Camellia Sinensis, posiblemente no exista otra que haya impactado tanto en la manera en que bebemos su infusión como la bolsita de té. De Oriente a Occidente, las bolsas o sacos de té se han convertido en herramientas funcionales para millones de consumidores… Para muchos, incluso, es imposible pensar en su taza favorita sin este elemental infusor desechable. Fotos: Escuela Mexicana de Té.

Generalmente elaboradas con papel, seda o fibras sintéticas, las bolsitas o sacos de té son sobres planos de un único uso, porosos y sellados, que permiten infundir hojas y brotes puros de Camellia Sinensis, blends de té y todo tipo de tisanas trituradas o pulverizadas. Si bien su uso es bastante común en nuestros días, hasta principios del Siglo XX poco tenían que ver con el consumo habitual de esta milenaria bebida.

¿Quién inventó las bolsitas de té?

Las historias acerca de su origen aun se debaten entre conocedores. Algunos apuntan a Roberta Lawson y Mary McLaren, creadoras del llamado “Soporte para hojas de té”, que en 1901 ofrecía la posibilidad de infundir hojas y brotes de Camellia Sinensis en un pequeño recipiente portátil elaborado con hilo de algodón tejido, extrayendo todo el aroma y sabor de las hebras directamente en taza sin necesidad de colar el líquido.

Si bien el invento de Lawson y McLaren obtuvo la patente en marzo de 1903, la popularización de un saco tejido de té no llegó hasta 1908, de la mano de Thomas Sullivan. Dedicado a la importación de té en Nueva York, Estados Unidos, Sullivan comenzó a enviar muestras de hebras a sus clientes dentro de pequeños sacos de seda. Algunos clientes asumieron que los sacos estaban hechos para usarse de la misma forma que los infusores de metal, por lo que echaron las bolsas completas en tetera y tazas en vez de vaciar sus contenidos en el líquido caliente. Así, accidentalmente, nació la bolsita de té.

Como respuesta a los comentarios de los clientes, quienes se quejaban de que el tejido de la seda era demasiado fino, Sullivan desarrolló contenedores hechos de gasa… ¡Los primeros sacos de té hechos con ese propósito particular!

Papel como filtro de té

Pero, ¿cuándo y dónde empezó a utilizarse el papel? La respuesta nos lleva a la década de 1930, cuando el papel filtro comenzó a reemplazar a la tela en los Estados Unidos. En poco tiempo el té en hojas sueltas comenzó a desaparecer de las tiendas de conveniencia y anaqueles de mercados en toda la Unión Americana; los sacos de té incluso viajaron hasta el Reino Unido para probar suerte entre consumidores.

No fue hasta 1952, de la mano de Lipton, que las bolsitas de té comenzaron a ganar popularidad entre los británicos. Ahí le va una cifra interesante… A finales del Siglo XX, más del 95 por ciento de todo el té consumido en el Reino Unido era comercializado en sacos o bolsitas.

Hoy, alrededor del mundo existen marcas y presentaciones de altísima calidad, con innovadores empaques y atractivos perfiles, que permiten extraer todo el aroma y sabor de las hebras de forma óptima: papeles reciclados no clorados, sacos libres de grapas, bolsas amplias (no planas), tejidos de fibras vegetales respetuosos con el medio ambiente y libres de micro plásticos.

Sin embargo, en 1996 la industria vivió una nueva y excitante revolución con la creación de las llamadas bolsitas triangulares o pirámides de té; tetraedros de papel, fibras vegetales o bioplástico rellenos de hojas sueltas y no polvos de té o tés CTC, con el espacio suficiente para lograr una plena extracción de aromas y sabores. ¡Sí!, querido lector, algo así como un infusor rígido desechable para hojas sueltas.