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Francia y su singular tradición de té

De privilegio para ricos, a una de las bebidas más cotidianas y democráticas entre su población, el té experimentó un singular viaje en territorio francés. Hoy, más de 140 salons de thé confluyen a lo largo y ancho de París; hace menos de 200 años el simple hecho de pronunciar su nombre provocaba una profunda animadversión entre los locales.

Ya le hemos platicado que, contrario a lo que se piensa, Francia y Holanda fueron los primeros territorios europeos en incorporar el consumo de té formalmente. Pero, ¿cómo es que la infusión de camellia sinensis pasó a ser objeto de rechazo entre los pobladores galos?

La historia del té en Francia puede rastrearse hasta 1636. La infusión primero se importó con motivos medicinales; los doctores creían que el té, particularmente el verde, podía tratar enfermedades como la gota, muy común entre las clases sociales más altas de la época. Rápidamente, este peculiar ‘elíxir de Oriente’ se fue convirtiendo más bien en una bebida de placer e interacción social, aunque su elevado costo no le permitió llegar al grueso de la población.

Con la llegada de la Revolución Francesa, en 1789, la infusión de camellia sinensis no sólo dejó de promoverse, sino que adquirió un tono cuasi prohibitivo. Beber té era visto como un privilegio de ricos y monarcas, así que los revolucionarios rápidamente desarrollaron una profunda y natural animadversión por la infusión, de la misma forma en que los colonos norteamericanos lo sentían cuando lo tiraron al mar en el puerto de Boston en 1773. Durante casi 100 años, beber té estuvo definitivamente fuera de moda en territorio galo.

Con la llegada del Siglo XX, los salons de thé comenzaron a adquirir una nueva y fascinante dimensión. Literalmente, se trataba de decorados y encantadores espacios en los que las mujeres podían reunirse para conversar y compartir en torno a una bebida libre de alcohol. Menos de 100 años bastaron para propagar el modelo por toda Francia.

¿Cómo se bebe el té en territorio galo? De forma genérica, podemos decir que los franceses prefieren consumir la infusión de camellia por la tarde, generalmente en algún salon de thé. Los blends de té blanco, verde y negro, aromatizados con todo tipo de ingredientes y esencias frutales y florales, son las grandes estrellas. Tés puros de gama media y alta, así como oolongs y puerh de buena expresión, también tienen cabida.

En la tradición francesa, los acompañamientos también son únicos y perfectamente diferenciales del resto de Europa. Típicamente la infusión de camellia se sirve al compás de terrones de azúcar, leche o limón, así como con todo tipo de bollos finos de dulzor moderado, como madalenas y financiers.