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¿Qué agua es mejor para el té?

“Aquellos que saben los secretos del agua, también conocen los secretos del té”, dicta un antiquísimo proverbio chino. Es cierto, como ningún otro elemento, el agua es capaz de exaltar, neutralizar u opacar todos los aromas, sabores e incluso texturas de la infusión de hojas y brotes de camellia sinensis, la planta del té. Pero, ¿cuál es la variedad idónea? Fotos: Escuela Mexicana de Té.

Tipos de agua

Entre los mitos más comunes que existen en el mundo del té está aquel que apunta al agua destilada como medio óptimo de infusión. Vaporizada y después condensada, con el propósito de eliminar sales minerales y otros compuestos naturales, el agua destilada es tan vacía que permite extraer absoluta y literalmente todo, sin enmascarar nada. Ciertamente, se trata de una buena opción para conocer toda la esencia de un té, aunque también sus más oscuros defectos.

En el otro extremo se ubica el agua natural de manantial, generalmente tratada para eliminar contaminantes, pero intacta en contenido de sales minerales y otros compuestos naturales. Esta riqueza mineral es crítica para controlar la reacción de la infusión, favoreciendo la extracción balanceada de aromas, sabores y texturas.

Sin embargo, no todas las aguas naturales de manantial reúnen el mismo contenido de sales minerales; hay que probar una y otra vez, de acuerdo a las opciones que se tengan en el mercado local, hasta hallar la variante ideal para cada tipología particular de té.

¿Agua filtrada…? El agua de la llave o procedente de la red pública de las grandes ciudades generalmente se filtra y después desinfecta con cloro, compuesto que tiene un importante efecto sobre el aroma y sabor final del té. A menos que se cuente con un filtro de carbón activado en casa, capaz de eliminar por completo el contenido de cloro, esta opción será la menos indicada para infundir sus preciadas hebras.

Si bien todas las opciones tienen sus pros y contras, es importantísimo reconocer los beneficios que brinda el agua de manantial… Las sales minerales adquiridas durante su proceso natural de purificación benefician notablemente a la infusión, afinando sus sabores y suavizando su astringencia. Además, se trata de una variedad de fácil acceso y gran disponibilidad.

Para tener mejores resultados

Lejos de marcas y procedencias particulares, que poco vienen al caso, es importante recordar:

1) Evite hervir el agua agresivamente o por largos periodos de tiempo, los cuales provocarán una perdida excesiva de oxígeno y, por tanto, una afectación en el sabor final de la infusión.

2) El agua hervida restante puede enriquecerse con agua fresca y calentarse nuevamente para mantener su calidad y evitar desperdicios.

3) Respete siempre la proporción de 2 gramos de té por cada 150 a 180 mililitros de agua, así como los tiempos y temperaturas recomendados para cada tipología y variedad específica de té. Sólo así podrá constatar la diferencia que ofrece cada variedad hídrica en olfato, boca y postgusto.