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Rusia y su singular tradición de té

Como pocas naciones del mundo, Rusia ha desarrollado tradiciones de té propias y singulares. A lo largo y ancho de sus territorios, repartidos entre Asia del Norte y Europa Oriental, es posible hallar todo tipo de expresiones y elementos culturales asociados a la infusión de camellia sinensis. Sí, querido lector, el té ruso reúne lo mejor de oriente y occidente en una misma taza.

La tradición rusa del té se origino a principios del Siglo XVII, cuando un gobernante mongol obsequió a Miguel I de Rusia, primer zar de la casa Románov, cuatro puds de hojas de té, es decir, cerca de 65 kilos.

A partir de entonces el té se volvió muy popular en Rusia, especialmente entre las clases altas; para 1679 Rusia ya había concluido la negociación de un tratado para suministrar té regularmente desde China, a través de la histórica ruta de la seda. El clima gélido fue un factor decisivo para incorporar el consumo de té caliente entre la población rusa, como una bebida de sustento y una fuente de calor.

Por siglos, los rusos han privilegiado los tés fuertes, dominantemente oxidados y ahumados, siempre endulzados con azúcar, miel e incluso mermelada de frutas. Acompañamientos como limón o gajos de frutos cítricos pinchados con clavo de olor también son frecuentes.

¿Cómo se prepara…? El té ruso típico surge de la mezcla de dos o tres tipologías y sabores distintos. ¡Sí!, los rusos disfrutan combinar diferentes hebras, por ejemplo, tés negros con tisanas herbales, florales o especiadas.

El proceso es simple. Las hojas y brotes de camellia sinensis, la planta del té, se remojan en poca agua para crear una infusión muy concentrada, llamada zavarka, la cual se hierve durante al menos cinco minutos y, en ocasiones, durante todo el día. Esta infusión base se diluye con agua caliente justo al momento de servirse.

Un elemento clave en el servicio de té ruso es el samovar, un utensilio derivado de la tetera caliente tibetana, que funciona como calentador de agua e infusor. Ubicado en el centro de los hogares, el samovar se mantiene generalmente encendido todo el día, sirviendo hasta 40 tazas de té a la vez.

El uso de teteras metálicas también era común. Originalmente se trataba de piezas de forma ovalada, con largos picos y amplias asas, sobre las cuales se infundían tés concentrados para después combinar y diluir en taza. Las teteras se diseñaban para apilar una encima de otra: la pieza de abajo se llenaba con agua caliente, la del medio con té concentrado y la de arriba con alguna infusión herbal, casi siempre menta. Así, el consumidor podía integrar su propia mezcla.

Si bien el samovar es el utensilio más extendido a lo largo del territorio ruso, aún existen regiones donde las teteras apiladas subsisten como método de infusión cotidiano.

¡Servicio! Tradicionalmente el té se bebía en la tarde, con dulces y bocadillos, sin embargo, su consumo se ha extendido a lo largo de todo el día, especialmente después de las comidas y junto al postre. Una peculiar muestra de la influencia asiática y magrebí en la cultura rusa es que las personas suelen sorber el té en tazas de cristal provistas con soportes de plata, muy similares a las del café turco.

Por: Escuela Mexicana de Té
Fotos: Escuela Mexicana de Té