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Té: su viaje a occidente

En innumerables ocasiones hemos apuntado a los orígenes e historia productiva del té. Nunca antes, a su viaje de oriente a occidente. Siéntese, relájese con su taza favorita y acompáñenos en este fascinante recorrido.

Debemos comenzar diciendo que la presencia del té en Europa es relativamente reciente. Los portugueses fueron los primeros occidentales que tuvieron contacto con la infusión de camellia sinensis, particularmente en China. Su avanzada tecnología naviera, así como su fascinación por los aromas y sabores del Lejano Oriente, favorecieron el inicio del comercio de hebras entre Asia y Europa. De hecho, el primer cargamento de té llegó a Lisboa en 1606; después fue transportado a Francia, Holanda y otros países en naves holandesas.

Contrario a lo que se piensa, Francia y Holanda fueron los primeros territorios europeos en incorporar el consumo de té. ¡Sí!, Inglaterra fue el último en hacerlo, entre 1652 y 1654. ¿En Rusia…? El té se introdujo alrededor de 1618, al establecerse una ruta comercial con el lejano oriente; imagine usted un trayecto de 11 mil millas de longitud, que los comerciantes recorrían en más de 16 meses junto a 200 y 300 camellos cargados con hebras de té. Increíble, ¿a poco no?

Si bien la adopción de té en Inglaterra demoró más que en el resto de Europa, los británicos llevaron su consumo a otro nivel. Ya le hemos dicho que la infusión de brotes y hojas de camellia sinensis –la planta del té– se popularizó en territorio británico gracias al Rey Carlos II y su esposa, Catalina de Braganza, de Portugal. La esposa del joven Rey de Inglaterra instauró la costumbre real de beber té a cualquier hora del día. Desde entonces, un frenesí por el té se expandió por todo el país, conquistando todos los niveles sociales.

“Y al Nuevo Mundo, ¿cómo llegó el té?”. Para la década de 1650 los holandeses ya estaban activamente involucrados en el comercio internacional de té. ¡Es cierto!, el té fue introducido a América por los colonizadores británicos, aunque también por los comerciantes holandeses. Se dice que Nuevo Ámsterdam, hoy la Ciudad de Nueva York, consumía más té que todo Inglaterra en aquella época.

Después de la Guerra Franco India, la corona británica decidió aplicar un impuesto a la mercancía que se enviaba a las colonias como “pago” por haber peleado su guerra, incluido el té. Esto dio vida a uno de los acontecimientos más relevantes en la historia moderna de la infusión: el Boston Tea Party, en 1773.

Para 1789, Estados Unidos ya era un jugador importante en el comercio global de té, apoyado por sus revolucionarios clíperes, veloces barcos de vela que navegaban mucho más eficientemente que los navíos británicos y que, con su presencia alrededor del planeta, lograron elevar el negocio del té a una dimensión superior.

¡Ah…!, pero no olvidemos a Canadá. El primer cargamento de hojas y brotes de camellia sinensis llegó en 1716, gracias a la Compañía Hudson Bay; la infusión tardó más de un año en extenderse por todo el territorio canadiense. Hasta finales del 1800, el té era vendido a granel, directo de los cofres donde se trasportaba.


“¿Qué hay de México, Centro y Sudamérica?”. Esa, querido lector, será nuestra próxima historia.