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Té y helado… ¡Gélida atracción!

Cualquier fanático del té lo sabe… Pocos placeres en la vida pueden compararse a la deliciosa unión que forman té y helado de leche. ¡Sí!, querido lector, vamos a cerrar abril disfrutando como peques con este singular maridaje. Fotos: Escuela Mexicana de Té.

Créalo, combinar el calor de tés puros con el frío intenso de los helados de leche otorga al paladar toda una experiencia sensorial. Por extraño que parezca, el helado de leche ayuda a enriquecer la textura y el cuerpo de distintas variedades de té, incluso algunos, como el negro, se vuelven más cremosos y consistentes cuando se acompañan con una bola de mantecado. Oolongs con helados de vainilla, blancos con nuez, puerhs con cardamomo y tés negros con dulce de leche se cuentan entre las combinaciones que nunca fallan. Aquella frase que dicta: “polos opuestos se atraen”, nunca tuvo tanto sentido.

Ciertamente, el helado de leche –esa mezcla batida y congelada de leche, yemas de huevo y azúcar, en su más precisa y puntual definición– se caracteriza por ser espeso, rico en cremosidad y dulzor, condiciones que ayudan a equilibrar la potencia aromática y fluidez de la infusión de Camellia Sinensis, la planta del té.

El juego de temperaturas también es atractivo al paladar, ya sea mezclando ambas preparaciones, como en el típico affogato (postre italiano de helado al que se agrega un espresso caliente), o consumiéndolas por separado, entre bocados y sorbos. Sí, la temperatura del helado también funciona como un filtro que permite reducir el calor de la bebida entre tragos.

¿Y qué se puede combinar…?

La suavidad de la vainilla, por ejemplo, ayuda a equilibrar la intensidad de algunos oolongs de oxidación media a alta, resaltando incluso sus aromas y sabores más sutiles. Potente y aromático, el puerh añejado encuentra en helados dulces y especiados acompañantes ideales: nuez de macadamia, cardamomo, jengibre seco, canela y hasta pimienta rosa.

El té negro, con dominantes matices de frutos deshidratados y melaza, combina al punto con helados a base de caramelo, chocolate oscuro, cajeta e incluso toffee (dulce de leche y mantequilla). Claramente, procedencias y estilos particulares tendrán un importante efecto en la unión.

Un buen tip para no fallar al momento de combinar tés puros y helados de leche es dejarse guiar por las notas más elementales de la infusión. Matices tostados como los de algunos oolongs y tés verdes, que se traducen en aromas de nueces en taza, bien pueden acompañarse con helados de frutos secos y especias delicadas, mientras que las infusiones que se enriquecen con leche funcionan mejor con variedades dulces e incluso acarameladas; piense usted en Masala Chai, English Breakfast y hasta Matcha latte.

Pero no es todo, no… Sorbetes y nieves también tienen cabida, para muestra la espectacular unión que forman Rooibos rojo y verde con nieves aromatizadas con jengibre, Sencha o Gyokuro tibios con sorbetes de menta y frutos cítricos, y un sinfín de tisanas frutales acompañadas con granizados de pera, mango, manzana, durazno, chabacanos y todo tipo de cítricos.